Es curioso ver alinearse de pronto los perfiles de esas mujeres que han dado cimientos a mi biografía amorosa. Resulta una aventura preguntarme acerca de ellas y responderme con los fragmentos que han dejado sin saber que a ratos me dedico a recogerlos. Armo así algunos rompecabezas que sin duda están lejos de ser la realidad, pero que extrañamente se convierten en un nuevo alimento para mis sueños.

Pronto he de hacer algo con esas piezas. Me divierte pensar que una de ellas esté en tal lugar, sin saber que en la mesa de a lado se ríe otro de mis viejos amores. O que una de ellas celebra su aniversario al mismo tiempo que yo conmemoro una ruptura. O que alguna otra suelte un comentario que tantas veces soñé susurrarle al oído. O descubrir las fotos en que sonríen a lado de sus parejas y... No, honestamente esto no me divierte tanto.

Y aquí sigo. Enamorado de la idea de estar enamorado. Dispuesto a volver al refugio de un amor por voluntad. Pero también convencido de la urgente necesidad de conservar todos los otros amores aunque sea inventándome una historia que nadie leerá.

Amor propio

En algún lado lo dije, aunque ahora mismo no recuerde dónde ni cuándo. Pero el hecho es que te extraño mirándome con ese deseo que sabía encenderme. (Solo evocar esa mirada, me eriza la piel, y más.) Extraño esa forma de reaccionar que tenía mi boca cuando te acercabas. Extraño esa forma de perder el control. Al final, es puro amor propio. Porque, si te das cuenta, no te extraño a ti por lo que eres sino por el que yo era estando cerca de ti. Y de pronto me asomo a algún rincón de esos que compartimos, esperando una señal de que también tú extrañas algo. Una señal de que te duele, que te duelo. Pero no. Y entonces me invento que ese silencio, esa desaparición, es justamente resultado de mi ausencia que te hace ocultarte de mí. Y quizá sea mejor así. Porque más me vale concentrarme en otras cosas, dar vuelta a esta página, sin dejar de agradecerte ese paso fugaz por mi vida.

Adiós

Y de pronto, con la misma fuerza inesperada con que apareciste, creí que sería mejor borrarte. Le di muchas vueltas y quizá sea eso lo único de lo que me arrepiento, pues pude evitar postergar las cosas unas semanas. Pero, tú comprenderás, no es fácil encontrar las palabras para decir adiós cuando el destinatario de las despedida ha entregado como tú o cuando resulta tan fácil sentirse bien a tu lado.

El hecho es que, al final, llegamos al final de unos meses poderosos, llenos de una fuerza que nunca podré borrar de mi piel.

Y, a pesar de lo difícil que fue dar el primer paso de esa última caminata juntos, nada más alejarme después de ese último beso fue darme cuenta de que ya te había olvidado. Vale, no olvidarte en el sentido de borrarte para siempre, pero sí entendiendo ese dar vuelta a la página, consciente de que aquella magia es parte del pasado.

Pronto —demasiado pronto quizá— empiezo a notar esas cosas que debo agradecerte.

Te agradezco, por ejemplo, haber neutralizado el significado de ciertos lugares. Asociarlos ahora contigo anula asociaciones previas. Territorios que tenía anclados en cierta dirección se han vuelto neutrales.

Pronto —quizá no tan pronto como hubiese creído— empiezo a notar aquello que echaré de menos.

Echaré de menos, por ejemplo, la forma en que sabías enredarte en cuerpo convirtiéndote en hiedra mientras me invadías. Esa forma de hacerme convertir cada por de mi piel en un volcán.

Te agradezco obligarme a ser sincero. Y agradezco también esa sinceridad a veces hasta dolorosa con que solías mirarme.

Echaré de menos lo fácil que resultaba decir ciertas cosas. Y echaré de menos la sencillez con que podíamos mirar nuestra desnudez.

Al final, son esas cosas que agradezco un día, las mismas que seguramente echaré de menos al día siguiente. Y viceversa.

No sé qué venga mañana para ti ni para mí. Solo espero ser capaz de borrar de cada instante lo que echo de menos, sin borrar esos pequeños detalles que te agradezco.

¿Lo quiero todo y su contrario, verdad? Ya sabes, no cambio.

Quisiera...

Quisiera recuperar este rincón al menos. Encontrar la forma de escapar del universo que me he creado y poder explorar y construir desde este rincón. Pero parece que no lo deseo tanto, pues sigo permitiendo que el mundo se venga sobre mí y no opongo resistencia. Lo dejo invadirme. Que me arrastren sus olas. Y sigo diciendo "algún día".

Atrapado

Me siento absolutamente vacío. No. Quizá no "absolutamente". Me enoja no encontrar palabras para describir cómo me siento. Se me ocurre decir que me siento atrapado entre un mundo que me oprime y me quita la respiración 24/7, y un mundo paralelo que me regala pequeñas bocanadas de aire de cuando en cuando. Cuando ese mundo alterno —que casi me atrevería a calificar de ficción— me acaricia, creo que todo lo demás vale la pena. Y con esa sonrisa me introduzco de vuelta al caos. Pero no me alcanza para mucho. Paso las horas permanentemente queriendo escapar. Y no encuentro una explicación lógica, racional, que me permita convencer o convencerme a mí mismo de que ese escape es válido. Así pues, no me lo permito. Y permanezco atrapado en esta red que yo mismo me he creado. No ya con dos vidas. Quizá con tres, cuatro... cien o mil.

Ojalá... pero no

Ojalá fuese solo su mirada. Pero no. Es esa fuerza irracional que despierta algo absolutamente nuevo en mi interior. Ojalá fuese solo una sonrisa. Pero no. Es ese instinto que había pasado tanto tiempo negándose a creer en la posibilidad de llegar tan dentro. Esa nueva certeza sobre mí mismo. Es esa risa que murmura cuando nuestros cuerpos borran sus fronteras.

¿Y ahora?

De pronto abrimos una puerta que no esperaba tan pronto. ¿El resultado? Indescriptible. Ventajas de no esperar nada: los pequeños detalles producen efectos muy poderosos.

En el mismo lapso que hace doce años enviamos todo al vertedero, esta vez hemos construido un paraíso en una nube. ¿Tendremos oportunidad de echar bases que hagan de esa nube un terreno seguro? Vamos, digo seguro sin esperar certezas para toda la vida. Lo digo esperando simplemente un cierto grado de claridad, de referente.

Hoy, esa mirada se ha apoderado de mi pensamiento de un modo completamente inusual. Esa caricia ha dejado un rastro que nunca antes había experimentado. Esa sonrisa. ¡Y esa risa! (Tú sabes qué risa.)

¿Y ahora?

Acerca de este blog

Simplemente un lugar para compartir mis pequeñas soledades, esas que uno acumula a través del tiempo, cada vez que en el interior surge algo que el exterior no comprende. El nombre llegó inspirado por una frase de Roland Barthes.